lunes, 20 de septiembre de 2010

Máximas redactadas por el General San Martín


Antes de morir, el Gral. Don José de San Martin, redacto 12 máximas para entregar a su hija, para que recorra el resto de su vida.
Las máximas fueron:
1° Humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una Mosca abriendo la ventana para que saliese: Anda, pobre Animal, el Mundo es demasiad grande para nosotros dos.

2° Inspirarla amor a la verdad y odio a 1a mentira.

3° Inspirarla gran Confianza y Amistad pero uniendo el respeto.

4° Estimular en Mercedes la Caridad con los Pobres.

5° Respeto sobre la propiedad ajena.

6° Acostumbrarla a guardar un Secreto.

7° Inspirarla sentimientos de indulgencia hacia todas las Religiones.

8° Dulzura con los Criados, Pobres y Viejos.

9° Que hable poco y lo preciso.

10° Acostumbrarla a estar formal en la Mesa.

11° Amor al Aseo y desprecio al Lujo.

12° Inspirarla amor por la Patria y por la Libertad.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Documentos Historicos : Jura de la Junta provisoria

Jura de la Junta Provisoria escrita por Mariano Moreno el 7 de junio de 1810

Nada se presenta más magnífico a la consideración del hombre filósofo, que el espectáculo de un pueblo que elige, sin tumultos, personas que merecen su confianza y a quienes encarga el cuidado de su gobierno. Buenos Aires había dado una lección al mundo entero por la madurez y moderación con que en el Congreso general se examinaron las grandes cuestiones que iban a decidir de su suerte, y el feliz resultado de tan respetable asamblea produjo la augusta ceremonia del juramento solemne, en que se estrecharon los vínculos para la religiosa observancia de lo que la pluralidad había sancionado.
Dos tardes seguidas apenas bastaron para recibir los votos de los funcionarios públicos e incorporaciones más respetables.
El eclesiástico, el regular, el militar, el togado, el empleado, el vecino, todos concurrieron a jurar la firmeza y estabilidad de la nueva obra, porque todos reconocieron la justicia, confesaron su necesidad y vieron el interés común íntimamente unido al particular de sus personas.
Las almas sensibles desfallecían con la novedad de una impresión dulcísima, a que no estaban acostumbrados, un numeroso cuadro de tropas en quienes la ternura ocupaba el lugar de la ferocidad que los distinguió en los combates: la existencia de los oficiales de la marina inglesa y principales individuos de su comercio, el prelado de la Iglesia y jefes de todas las corporaciones públicas, alternando con los nuevos representantes del pueblo y dando a éste, desde los balcones de las casas consistoriales, una prueba nada equívoca de la sinceridad de sus sentimientos: el estruendo de la artillería aumentado por las aclamaciones y vivas de veinte mil espectadores; la salva de los buques ingleses que celebraban una función que sus jefes estaban admirando; el conjunto de mil sucesos grandes; todo producía la ternura, la confianza, las esperanzas más seguras, y elevando las almas de los jóvenes, arrancaba lágrimas a los viejos, para quienes dejó de ser terrible la muerte, después de haber visto un día tan glorioso. La fórmula del juramento fue la siguiente:
"¿Juráis a Dios nuestro Señor y estos Santos Evangelios, reconocer la Junta Provisional Gubernativa del Río de la Plata, a nombre del señor Don Fernando VII, y para guarda de sus augustos derechos; obedecer sus órdenes y decretos; y no atentar directa ni indirectamente contra su autoridad, propendiendo pública y privadamente a su seguridad y respeto?"
Todos juraron; y todos morirán, antes que quebranten la sagrada obligación que se han impuesto.
El día 30 del pasado hubo misa de gracias, y se cantó Tedeum en la Santa Catedral. El doble objeto de celebrarse el día de nuestro augusto monarca Don Fernando VII y la instalación de la Junta redobló la celebridad de la fiesta a que concurrieron todas las corporaciones, jefes y vecindario, pasando después a la real fortaleza, al besamanos, que principió la Real Audiencia y continuaron por su orden los demás cuerpos civiles y jefes del ejército, concurriendo igualmente a aquel acto el Excmo. señor Don Baltasar Hidalgo de Cisneros.

(Gaceta de Buenos Aires, del 7 de junio de 1810.)

Música en nuestro blog.

Hemos incorporado al blog un reproductor de musica(a la derecha) donde podran encontrar tres versiones del Himno nacional argentino, interpretadas por artistas como Chary Garcia.

HIMNO NACIONAL ARGENTINO (original de 1813)

¡Oíd, mortales!, el grito sagrado:
¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas
ved en trono a la noble igualdad.
Se levanta a la faz de la Tierra
una nueva y gloriosa Nación
coronada su sien de laureles
y a sus plantas rendido un león.

De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar
la grandeza se anida en sus pechos
a su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.

Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor
todo el país se conturba por gritos
de venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel.
Su estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.

¿No los veis sobre Méjico y Quito
arrojarse con saña tenaz,
y cuál lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?

A vosotros se atreve, argentinos
el orgullo del vil invasor.
Vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos que unidos juraron
su feliz libertad sostener,
a estos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.

El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra, cual trueno,
en los campos del Sud resonó.
Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita Unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo león.

San José, San Lorenzo, Suipacha.
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
la colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental,
son letreros eternos que dicen:
aquí el brazo argentino triunfó,
aquí el fiero opresor de la Patria
su cerviz orgullosa dobló.

La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio;
sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la Libertad,
y sobre alas de gloria alza el Pueblo
trono digno a su gran Majestad.

Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín,
y de América el nombre enseñando
les repite: ¡Mortales, oíd!
Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al gran Pueblo Argentino, salud!

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.
(Se canta después de cada estrofa)

Letra: Vicente López y Planes
Música: Blas Parera